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| CÓMO PREVENIR EL SÍNDROME POSTVACACIONAL |
Volver al trabajo después de las vacaciones representa, para la mayoría de los mortales, un duro y amargo “trago”. Cambiar la playa, la montaña, el pueblo, la siesta, las largas horas de ocio… por la oficina y la rutina diaria es un tránsito que, como poco, provoca desazón y cierto desasosiego.
Ese estado de malestar general es lo que, hoy en día, se conoce como síndrome postvacacional, un fenómeno que, en los últimos años, ha adquirido gran importancia en el ambiente médico, ya que comienza a ser habitual en los centros de salud la afluencia de pacientes, sobre todo en septiembre, aquejados de ciertas dolencias relacionadas con la vuelta al trabajo después de las vacaciones.
Aunque suene anecdótico, lo cierto es que este síndrome comienza a definirse como una enfermedad, puesto que afecta a nuestra esfera de bienestar y, por tanto, a nuestra calidad de vida.
Pero ¿qué es exactamente el síndrome postvacacional? Los médicos lo definen como un estado de malestar generalizado que se produce en los primeros días de la vuelta al trabajo tras unas vacaciones, con síntomas físicos y psíquicos y que, generalmente, afecta a un determinado grupo de personas.
Los especialistas sitúan el origen o las causas de este síndrome en la alteración del ritmo de vida y, por ende, en el cambio de nuestro biorritmo o reloj biológico, ya que pasamos de un modo de vida (el llevado en vacaciones, por lo general más placentero) a otro más rutinario. Igualmente, podrían ser causa desencadenante las propias motivaciones de la persona e, incluso, su personalidad, sobre todo, cuando se plantea que, hasta el año siguiente, no volverá a disfrutar de vacaciones con toda la carga emocional que esa perspectiva conlleva.
Las “víctimas” de este síndrome suelen ser personas jóvenes menores de 40-45 años, pero también aquéllas que idealizan las vacaciones o que realizan una ruptura brusca, esto es, que se incorporan al trabajo sin transición alguna. Asimismo, afecta a personas que no están a gusto con su trabajo o que tienen problemas de agotamiento o desencanto con el trabajo que realizan (lo que los especialistas denominan “síndrome de bournout”).
Síntomas
Aunque no es algo grave, sí se trata de un proceso adaptativo bastante molesto que incide negativamente en nuestra vida cotidiana. Así pues, el síndrome postvacacional genera unos síntomas en la persona que lo padece que inciden tanto a nivel físico como psíquico.
Entre los síntomas físicos que puede generar el síndrome postvacional, se citan:
Debilidad generalizada, con cansancio y fatiga
Pérdida del apetito
Somnolencia durante el día y/o insomnio por la noche
Dolores musculares
Taquicardias y sensación de ahogo o falta de aire
Molestias estomacales y sensación de “nudo en el estómago”
Baja capacidad de concentración
Por su parte, los síntomas psíquicos pueden ser, según los expertos, los siguientes:
Falta de tolerancia al trabajo, caracterizada por sensación de desidia y hastío
Cambios de humor continuos
Irritabilidad, nerviosismo, inquietud e, incluso, cierta agresividad
Indiferencia, tristeza o ideas de ruina, similares a una depresión
Visión pesimista y negativa de lo que nos rodea
Normalmente, estos síntomas suelen durar entre los siete y diez primeros días tras la incorporación a nuestro trabajo. Ahora bien, si pasado ese tiempo el malestar continúa ya no se trata de un síndrome postvacacional, sino de otro tipo de problema y, por lo tanto, será necesario acudir a nuestro médico.
Cómo superarlo
Todos los especialistas coinciden en señalar que el mejor remedio contra el síndrome postvacacional está en prevenir su aparición y en ser conscientes de que esas molestias que aparecen tras la vuelta a vacaciones y nuestra incorporación al trabajo no son sino consecuencia de un cambio de rutina que, en cualquier caso, hay que afrontar con un talante positivo.
No obstante, para prevenir este síndrome y facilitar una mejor adaptación en los primeros días de trabajo, la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC) recomienda una serie de medidas, diferenciando entre medidas físicas y psicológicas.
En este sentido, la SEMFYC aconseja lo siguiente:
Intentar regular los horarios y el reloj biológico los días previos a nuestra reincorporación al trabajo, por ejemplo, acostándonos en el horario habitual y no abusando de la siesta.
Planificar al menos dos días antes del final de las vacaciones como periodo de adaptación a la incorporación al trabajo.
Si es posible, una vez finalizadas las vacaciones procurar regular la intensidad en nuestras tareas laborales.
Dormir más horas los primeros días de incorporación a nuestro puesto de trabajo, pero regulando bien el horario.
Evitar idealizar las vacaciones en detrimento del periodo de trabajo, identificando las primeras con placer y el segundo con sufrimiento y molestia.
Organizar y planificar los primeros días de trabajo, además de tomar el control sobre la jornada laboral.
No dar demasiada importancia al malestar propio de los primeros días y ser conscientes de que es absolutamente normal.
Evitar actitudes negativas, de queja o malestar permanente.
Afrontar la vuelta al trabajo con optimismo, afrontando la vuelta al trabajo como un nuevo periodo vital en el que se pueden desarrollar nuevas actividades para el crecimiento personal.
Mantener un equilibrio entre el tiempo de trabajo y el de ocio, planificando actividades gratificantes.
Nuria Hernández
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