Comienza la cuenta atrás para los temidos exámenes de septiembre. Si eres de los que han “cateado”, probablemente ya estarás pensando en “ponerte las pilas” para pasar con éxito ese amargo trago. Sin embargo, el calor y las tentadoras actividades que proporciona el verano son enemigos número uno para poner a punto nuestra concentración y, sobre todo, para generar las ganas de ponerse a estudiar.
Pero, como no queda otro remedio, la mejor opción es “tomárselo con filosofía” y seguir un plan que nos haga más llevadero este trance que, en muchísimos casos, provoca un estado de ansiedad muy acusado en el estudiante. Es lo que se denomina “ansiedad anticipatoria”, según una investigación realizada por la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia que, además, ha puesto en evidencia que esta sensación se acrecienta en verano y ello predispone, precisamente, a suspender el examen.
Esta tesis también está avalada por la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), órgano dependiente de la Universidad Complutense de Madrid, que añade que un alto número de alumnos que sufren fracaso en los estudios no tienen problemas relacionados con el aprendizaje o con su capacidad, sino con los niveles extremos de ansiedad que se presentan ante los exámenes.
Y es que una mala distribución del tiempo, hábitos de estudio incorrectos, o pensamientos derrotistas pueden desencadenar esa ansiedad típica del estudiante, cuyos efectos se dejan notar en todos los planos (físico, psíquico y emocional), llegando a experimentar taquicardias, sudoración, nauseas, imposibilidad para tomar decisiones, dificultad para organizar los pensamientos o para recordar palabras o conceptos, etc.
Consejos
Para combatir ese trance y superar los efectos dañinos de la ansiedad, el Gabinete Psicopedagógico de la Universidad de Granada propone una serie de estrategias y recomendaciones, que son las siguientes:
• El primer paso es abordar la ansiedad en general y, para ello, debemos procurar exponernos ante las situaciones que nos la produzcan. De este modo, conseguiremos manejarla poco a poco. Por tanto, nunca evitaremos asistir a un examen por miedo a quedarnos en blanco.
• A la hora de estudiar, es necesario organizar nuestro tiempo y revisar frecuentemente el material de estudio. Así, aumentaremos la confianza en nosotros mismos.
• Es muy recomendable que nos tracemos metas u objetivos de estudio y las afrontemos una a una, con el fin de no saturarnos.
• En el caso de que nos afloren los nervios durante el estudio, debemos tratar de relajarnos con alguna técnica al uso, como por ejemplo practicar la respiración abdominal, tensar y relajar diferentes grupos de músculos, o, simplemente, pensar positivamente en nosotros desechando actitudes negativas.
Otros expertos recomiendan también descansar diez minutos por cada hora de estudio, practicar deporte, mantener una alimentación equilibrada y dormir las horas necesarias. Hay estudios de varias universidades que, incluso, recomiendan comer helados, ya que éstos pueden ayudar a reducir la ansiedad.
En el examen
El objetivo es llegar al examen lo suficientemente preparado y con confianza para afrontarlo. También para ese día hay una serie de sencillos trucos que contribuyen a mermar la ansiedad o, al menos, a dominarla. Así pues, según el Gabinete Psicopedagógico de la Universidad de Granada debemos:
• Llegar al examen suficientemente pronto como para sentarnos en un sitio en el que estemos cómodos.
• Evitar encontrarnos o hablar con compañeros que puedan hacernos dudar sobre nuestra preparación.
• Leer atentamente las instrucciones del examen, al menos, un par de veces, y organizar el tiempo de forma eficiente.
• Empezar a responder las preguntas más sencillas. Esto nos reforzará y hará que afrontemos con mayor seguridad las preguntas más difíciles.
• Preguntar al profesor todas las dudas que nos surjan durante el examen.
• No fijarnos en lo que hacen los demás compañeros, sobre todo, no debemos apresurarnos si vemos que acaban antes. Lo correcto es que trabajemos tranquilamente a nuestro ritmo.
• Pensar en cosas positivas que nos ayuden a mantener la concentración durante el examen, como, por ejemplo, “Esto es sólo un examen”.
• Si nos “atacan” los nervios o estamos cansados, podemos recurrir a algunas técnicas de relajación, como la respiración profunda o la tensión-distensión de los músculos.
• Pensar que, cuando finalice el examen, podremos darnos algún capricho y, por supuesto, tendremos tiempo libre.
Una vez que hemos acabado la prueba, ya sólo queda mantener una actitud positiva aceptando los posibles errores, y desconectar evitando intercambiar dudas con los compañeros.
Nuria Hernández
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